26 de agosto de 2016


Que las marcas de ayer sean aprendizaje. No te rindas, me dijo un día. Persigue lo que quieres si realmente lo quieres. Sé feliz y nunca hagas caso de las voces que quieren controlarte. Y ha llegado un día en el que no sé ni lo que quiero. Y si no sé qué quiero, ¿cómo puedo continuar el camino?

Ahora me vendría bien una conversación como las que teníamos esas noches después de cenar, cuando preguntabas por cómo iba el colegio. Echo de menos muchas cosas, a veces siento que estás, pero me vendría bien uno de esos consejos.

¿Qué estoy haciendo? Siento que echo a perder todo aquello que me importaba. Siento tantas cosas, que ya no sé distinguir la tristeza de la apatía. No sé cómo hago daño a aquellos que me han importado, y me importan. Y sigo sin tener respuesta de cómo continuar con esta parte de mi vida.

Hoy es una de esas noches en las que tendría que poder llamarte y decirte "papá, necesito tu ayuda". Y que mal lo paso sabiendo que no es posible.
L.